Dos Caminos

2waysJustino era un muchacho que se consideraba a sí mismo como una persona “normal”, pues al igual que muchos en su generación, nunca se destacó ni en los deportes ni en los estudios. En la adolescencia intentó con el béisbol, con el fútbol, con el baloncesto y otros deportes, pero en ninguno figuró. Tal vez muchos de nosotros nos identificamos con Justino, solo que esa parte de nuestras vidas no nos gusta contarla.

En los estudios, logra destacarse  en matemáticas y otras materias prácticas, pero en literatura, historia y todo lo que tuviera mucha letra le causaba dolor de cabeza.

No le hacía mal a nadie y hasta daba donaciones a instituciones benéficas.

Cuando comenzó a trabajar le fue mejor, no era el típico empleado promedio, con su dedicación y diligencia consiguió ascender rápidamente en el Grupo de empresas donde recién graduado obtuvo la oportunidad de demostrar que su futuro no iba a ser mediocre, sino que algo grande le aguardaba.

Su ascenso iba en la misma proporción a su dedicación al trabajo. No solo llegaba primero a la oficina, sino que era el último que se marchaba. Llegó al nivel de vivir para trabajar, y le gustaba lo que hacía, porque todos hablaban de él.

Comenzó a gozar de tal fama que sin darse cuenta estaba envuelto un círculo que incluía, alcohol, mujeres y trabajo.

Su vida se iba consumiendo pero él parecía no darse cuenta. Solo recordaba los momentos cuando niño en los que la mayoría de sus compañeros de estudio y vecinos se burlaban y le golpeaban. Situación esta que su familia nunca supo por la vergüenza que le producía a Justino ser el hazme reír de todos y que su familia se enterara.

Un día saliendo de su oficina se le acercó una joven y le preguntó: -Si el día de hoy murieras, ¿A dónde crees que irías?, ¿Al cielo o al Infierno?

La pregunta dejó a Justino paralizado. Por un momento, el que tenía respuesta para todo, el que solucionaba las crisis más complicadas, no tenía respuesta.

Así que buscó la salida más rápida, evadir a la joven. Entonces le dijo -No tengo tiempo para eso, otro día hablamos, adiós. La joven solo alcanzó a darle un papel y le dijo –Si quieres saber la respuesta, aquí la puedes buscar.

Salió del edificio, buscó su carro y se fue. Pero en su cabeza no dejaba de escuchar la misma pregunta que aquella joven le había hecho. Incluso olvido una cita que tenía esa noche, y se fue a su departamento en la mejor zona de la ciudad, donde vivía solo.

Esa noche apagó su celular y se acostó en su cama y en sus pensamiento estaba solo esa pregunta. Pasaron las horas hasta que se quedó dormido.

Justino nunca soñaba, pero aquella madrugada tuvo un sueño revelador. Recordó cuando su abuela lo llevaba a la iglesia siendo un niño. En el sueño estaba cada palabra que su abuelita María le repetía camino a la iglesia los domingos, así como las enseñanzas de los maestros de la Biblia que escuchaba en las vacaciones en un lejano pueblo de donde la abuela María nunca quiso salir y donde fue sepultada.

La muerte de la abuela afectó profundamente a Justino, sobre todo porque se enteró de su fallecimiento una semana después, ya que estaba en una conferencia en Europa y nadie pudo localizarlo y avisarle.

A la mañana siguiente Justino se levantó como si fuera otra persona. Se vistió con ropa deportiva a pesar que era miércoles y que tenía varias reuniones importantes en la oficina. Trato de conducir su vehículo, pero no podía. Estaba temblando. Así que tomó un taxi que lo llevaría al centro de la ciudad. Solo llevaba consigo el papelito que le había dado la joven y que tenía la dirección de una iglesia muy pequeña ubicada en un local muy humilde.

Justino entró y habló con el Pastor a quien le contó lo sucedido la noche anterior y le describió a la joven con la intención que le dijera dónde encontrarla para hablar con ella. El Pastor le dijo que en esa iglesia no asistía nadie con esa descripción.

Justino decepcionado salió corriendo del templo y al cruzar la calle no vio que venía un camión a gran velocidad el cual le golpeó fuertemente dejándolo tirado en el asfalto sangrando y con múltiples golpes.

Justino en su empeño por no perder el conocimiento abrió los ojos y vio en medio del resplandor a aquella joven quien le decía: – ¡Apúrate Justino, esta es tu última oportunidad!

Él, medio inconsciente no entendía lo que la joven le decía.

Justino, luchando más por preguntarle a la joven por qué tenía que apurarse, que por sobrevivir, hace un último esfuerzo pero queda inconsciente.

Tal vez Justino haya sobrevivido y su vida haya tomado un nuevo rumbo después de esta experiencia.

Tal vez haya muerto antes de llegar al hospital y donde haya ido, cielo o infierno, no lo sabemos.

Pero algo en esta historia es importante, nosotros tenemos en nuestras manos el decidir a cuál de los dos sitios ir después de morir. Solo que esa decisión va acompañada de una acción, si nuestra vida la llevamos como Dios quiere que la llevemos, entonces vomos al cielo. Si por el contrario llevamos nuestras vidas desordenadas, llenas de mentiras, dañándonos a nosotros mismos y a los demás, haciendo lo contrario a lo que Dios quiere, ya sabemos a dónde vamos.

Son dos caminos, tú decides.
@JorgeMujica

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